martes, diciembre 1

De melancolías, Luna.

Hoy me siento así, será que inicia diciembre, será que nunca había estado en el medio de un frío tan frío o será que el calor de la familia me ha caído tan bien que quisiera que diciembre no empezara para que no tuviese que terminar algún día. No lo sé.

He extrañado todo, hasta lo que tengo junto a mi. Sigo pensando que el frío me desorienta, tal vez me haga vulnerable. Mañana habrá 35 grados, frío. Disfruto el frío, creo que lo adoro, pero mi cuerpo es intolerante a él y mi mente ni se diga, se pierde en un mundo paralelo que me enreda toda de pies a cabeza.

Pero aún sin poder resolver todo, sólo tengo ganas de sentarme frente a la ventana, mirar la lluvia caer, respirar profundo y dejar pasar el tiempo disfrutando cada segundo, como si esa perfección se pudiera adherir a mi vida pública, privada y secreta.

Debo confesar que poseo un agotamiento emocional de unos días acá; pasa que no pasa lo que debe pasar, pasa que mi alma es tan terca que quiere que todo suceda en orden y a su gusto, pero es que no entiende que el frío no puede evitarse. Es cuestión de la naturaleza. Y vuelvo a mi frase de consuelo: Aceptemos lo que no podemos cambiar.

Si tan solo no tuviera un espirítu incansable, sería menos complicado.

0 comentarios: