Tengo un estrés desenfrenado y quiero adjudicarlo a que mañana haré la tercera mudanza de este año. No es una mudanza cualquiera, la he esperado diez años, poco más tal vez.
Hace unos dos años tenía gran ilusión porque llegara, estaba esperanzada de que este cambio, temporal, traería mucha alegría y felicidad a mi vida y a la de las personas con las que viviré. En mi mente se creaban episodios de una posible película de cuentos de hadas donde sólo hay fiesta, sonrisas, alegría, amor, paz, una familia unida...
Hoy a un día de tan citada mudanza ningún episodio de esos a corrido. Y sigo sin saber cómo y por qué el destino se atrevió a jugarme esta mala pasada. Tal vez pensar en esas dos respuestas me tiene tan estresada. Aunado al estrés que me provoca no tener el control sobre esta tristeza que me invade de ver sufrir a los mios sin poder hacer nada. Uno nunca está preparado para sufrir, al menos yo no. Cuando has pasado por un gran dolor emocional estás segura que lo que venga será más fácil de superar pero no, ahora sé que es más difícil. Cómo un hijo hace para no sufrir cuando sabe que sus padres están sufriendo y se niegan a cambiar, peor aún te crucifican por pensar que el sufrimiento no es para ellos.
Sin duda me esperan semanas difíciles, semanas que había esperado tanto, semanas que me había imaginado como en un cuento, semanas en las que creía recibiría más amor que ninguna otra, semanas de atar, desatar, caer y morir en las cenizas de una despedida en la que se queda lo que más amas bajo el yugo del maltrato, la tristeza y la resignación.
¿Qué puede hacer un hijo que mira sufrir a sus padres por decisión propia? Alguien que me diga.
jueves, diciembre 17
ESTRÉS
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